La anestesia raquídea constituye un pilar fundamental
dentro de nuestra práctica anestesiológica.
Muchas veces subvalorada y subestimada.
Su seguridad como técnica anestésica depende de la
correcta comprensión de los cambios fisiológicos
que se suceden, provocados por las variables
anatómicas del lugar de punción, los
fármacos administrados, su concentración,
baricidad, masa, volumen y velocidad de inyección,
entre otros. Se ha avanzado en el entendimiento tanto
del espacio subaracnoideo como de la dinámica de los
fármacos administrados por esta vía.
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